miércoles, 1 de abril de 2020

Partida rápida



Jamás hubiera pensado que dentro de algunos meses la despedida de uno de mis países favoritos sería así, no puedo describir la tristeza al ver las calles de su capital vacías, sentía un hueco en el estómago y a su vez miedo e incertidumbre, pues no sabía si podría llegar a mi destino “Mi hogar”, salí de mi departamento prácticamente de un día para otro, tuve que tomar una decisión de vida poniendo primero mi bienestar, demasiada información circulaba en internet y las redes sociales, las instituciones petrificadas pues no hay un plan para estas circunstancias, y yo, yo ahí parada esperando una respuesta de mi gobierno, de pronto fue como si me hubiera caído un balde de agua fría, tenía que irme de ahí al comenzar a empacar comencé a llorar, aún no me la creía, de pronto recibí una llamada, era mi hermano y me dijo las palabras exactas en el momento preciso y me recordó lo valiente que soy, y mi mamá que también me repetía que Dios siempre está conmigo; entonces a la mañana siguiente sin dormir mucho tomé mis maletas, que por cierto eran más ligeras; ante la poca actividad de transporte público mi tutora se ofreció a llevarme a la parada de autobuses, a la hora de partir no nos pudimos dar un abrazo de despedida, una situación algo bizarra, y yo seguía dudando si era la mejor opción, y que, ante las decisiones de los gobiernos de cerrar los aeropuertos podría no tener la oportunidad de partir.
Las personas que me conocen saben que me gusta platicar con desconocidos y más en el extranjero, así que hablando con el conductor me dijo que ese autobús era el último hasta nuevo aviso, entonces volteé al cielo y sonreí, otra vez estaba ahí Dios acompañándome, como me lo había dicho mi mamá. Al ver a través de las ventanas, reafirmé que todas las medidas sanitarias no debían de tomarse a broma, las personas que habían salido esa tarde se veían desconcertadas, pues prácticamente no teníamos derecho a deambular con libertad, y los policías con estricta presencia verificaban los oficios llamados “Attestation de Déplacement Dérogatoire”, que prácticamente es una carta en donde indicábamos las razones por las cuales estábamos fuera seleccionando alguna de las principales ya estipuladas. De esa tarde recuerdo que traía mi cubre bocas al igual que mis toallitas desinfectantes, también recuerdo que toda esa semana hasta el día de mi partida hizo buen tiempo, cuando normalmente era la temporada de frío y lluvia en Francia, ¡qué irónico, tan buen tiempo y no poder salir!
Al llegar al aeropuerto y con miedo a que mi vuelo fuera cancelado caminé para encontrar la terminal 2, al llegar ahí la ventanilla para documentar estaba vacía. En el aeropuerto “Charles de Gaulle” normalmente se ven pasar miles de personas diariamente, ese día estaba casi vacío; a 12 horas para tomar el avión no tenía idea en donde descansar, así que me dirigí hacia la terminal 3 en donde podía encontrar algunos hoteles; en mi camino veía a vagabundos dentro del aeropuerto para resguardarse del frío de la noche, y no pude evitar pensar en dónde se quedarían si cerraran ese aeropuerto por tiempo indefinido, con esa idea en mi cabeza seguí mi camino.
Después de haber buscado alguna vacante en el último hotel y sin suerte alguna, escuché una voz que me hablaba en inglés, era una joven asiática la que me decía que tampoco había tenido suerte y que ella saldría la mañana siguiente al igual que yo, después de presentarnos, intercambiamos información de nuestros vuelos a lo que ella me pregunta si ya había comido, yo le contesté que sí,  pues antes de salir había preparado algunos sándwiches con aguacate, aderezo y jamón, justo como es la costumbre en casa, y más en esa situación en donde no sabía si encontraría algún lugar para comprar algo y comer, yo le ofrecí uno y con gusto aceptó. Después de eso, decidimos ir a buscar un lugar para pasar la noche, nos encontrábamos charlando en un lugar no muy cómodo y con ventiscas de aire, habíamos decidido quedarnos ahí por nuestra seguridad, pues en las otras terminales había más gente esperando sus vuelos y debíamos guardar la distancia social (nuevo concepto aprendido la semana anterior).
Después de rato una adolescente pasó preguntando si alguien hablaba español, yo me encontraba algo adormilada, cuando se acercó a mí le dije que sí, y que en qué la podía ayudar, atrás de ella venía su familia, todos se encontraban algo asustados, me preguntaron la situación de los vuelos en Francia, pues a duras penas habían logrado salir de Bélgica; la situación iba a empeorar dentro de pocos días, pero ese día aun había la esperanza de tomar nuestros vuelos, así que el señor decidió ir a preguntar sobre el suyo específicamente, cuando regresó nos dijo que había encontrado un lugar más cómodo y más caliente, por lo que todos decidimos ir ahí a pasar la noche.
Fue una noche larga, yo dormí un poco más de tres horas gracias a la familia quien hizo guardia para que por turnos pudiéramos descansar y cuidar de nuestro equipaje. A pocas horas de partir, la joven asiática y yo nos retiramos hacia la terminal 2, pues había rumores de vuelos cancelados por la mañana, así que agradecimos a la familia y les deseamos que llegaran con bien a su casa. Llegamos a la fila de su aerolínea y después fue mi turno de seguir, fue un adiós muy breve, pero con mucho gusto pues por fin se llagaba la hora de irnos a nuestros hogares. El pasillo de algunas aerolíneas incluyendo la mía se veían muy solas, empecé a sospechar que, igual esa vez no tendría la suerte que me había acompañado hasta ahí, y efectivamente, al ser mi turno y mostrar mi pasaporte me negaron el registro y la documentación, pues unas horas atrás mientras yo trataba de conciliar el sueño, el presidente de los Estados Unidos había decidido cerrar las fronteras para todos a excepción de los ciudadanos, se me hizo un nudo en el estómago y le pregunté a la señorita que me atendía qué opciones que tenía para poder llegar a México, me pasaron a otro sitio en el cual tuve que esperar por casi 40 minutos, minutos en donde experimenté la relatividad del tiempo, la espera se me hizo eterna y a la vez rápida pues todos los agentes se movían de un lugar a otro sin parar. Por fin pasados esos minutos la respuesta fue positiva, iba a poder abordar un avión directo a México y sonreí como nadie, y como nunca. Mi cuerpo ya se empezaba a sentir cansado y tenía que caminar hacia el otro extremo del aeropuerto, agarré muy fuerte mis maletas y comencé a caminar lo más rápido posible pues aún me faltaba hacer el registro, la documentación y la revisión de seguridad, pero ahora con más certeza de que llegaría a casa, y aún sin saber lo que me esperaría en los próximos 14 días siendo que podría estar contagiada sin saberlo, y poner en riesgo a mi familia…
Hoy a casi esos 14 días, de algo estoy segura, y es que el miedo es instintivo, es la respuesta del ser humano hacia una amenaza, pero la forma de enfrentarlo es lo que nos ayuda a crecer; también que Dios siempre pone a las personas correctas en nuestro camino, así como lo ha hecho conmigo; y, sobre todo, al despedirte de un lugar aligera la carga no importa lo que tengas que dejar atrás, todo eventualmente se recupera y no hablo solo de lo material.


2 comentarios:

  1. Ese malestar lo experimentamos muchos. ¿Qué puedo decir? Sin duda fue una desagradable sorpresa, la pandemia y la forzosa cuarentena.

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    1. Demasiada incertidumbre para ser verdad. Esto nos ha vuelto más resilientes sin duda.

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