
Jamás hubiera
pensado que dentro de algunos meses la despedida de uno de mis países favoritos
sería así, no puedo describir la tristeza al ver las calles de su capital
vacías, sentía un hueco en el estómago y a su vez miedo e incertidumbre, pues
no sabía si podría llegar a mi destino “Mi hogar”, salí de mi departamento
prácticamente de un día para otro, tuve que tomar una decisión de vida poniendo
primero mi bienestar, demasiada información circulaba en internet y las redes
sociales, las instituciones petrificadas pues no hay un plan para estas
circunstancias, y yo, yo ahí parada esperando una respuesta de mi gobierno, de
pronto fue como si me hubiera caído un balde de agua fría, tenía que irme de
ahí al comenzar a empacar comencé a llorar, aún no me la creía, de pronto
recibí una llamada, era mi hermano y me dijo las palabras exactas en el momento
preciso y me recordó lo valiente que soy, y mi mamá que también me repetía que
Dios siempre está conmigo; entonces a la mañana siguiente sin dormir mucho tomé
mis maletas, que por cierto eran más ligeras; ante la poca actividad de
transporte público mi tutora se ofreció a llevarme a la parada de autobuses, a
la hora de partir no nos pudimos dar un abrazo de despedida, una situación algo
bizarra, y yo seguía dudando si era la mejor opción, y que, ante las decisiones
de los gobiernos de cerrar los aeropuertos podría no tener la oportunidad de
partir.
Las personas que
me conocen saben que me gusta platicar con desconocidos y más en el extranjero,
así que hablando con el conductor me dijo que ese autobús era el último hasta
nuevo aviso, entonces volteé al cielo y sonreí, otra vez estaba ahí Dios
acompañándome, como me lo había dicho mi mamá. Al ver a través de las ventanas, reafirmé
que todas las medidas sanitarias no debían de tomarse a broma, las personas que
habían salido esa tarde se veían desconcertadas, pues prácticamente no teníamos
derecho a deambular con libertad, y los policías con estricta presencia
verificaban los oficios llamados “Attestation de Déplacement Dérogatoire”, que
prácticamente es una carta en donde indicábamos las razones por las cuales
estábamos fuera seleccionando alguna de las principales ya estipuladas. De esa
tarde recuerdo que traía mi cubre bocas al igual que mis toallitas
desinfectantes, también recuerdo que toda esa semana hasta el día de mi partida
hizo buen tiempo, cuando normalmente era la temporada de frío y lluvia en
Francia, ¡qué irónico, tan buen tiempo y no poder salir!
Al llegar al
aeropuerto y con miedo a que mi vuelo fuera cancelado caminé para encontrar la
terminal 2, al llegar ahí la ventanilla para documentar estaba vacía. En el
aeropuerto “Charles de Gaulle” normalmente se ven pasar miles de personas
diariamente, ese día estaba casi vacío; a 12 horas para tomar el avión no tenía
idea en donde descansar, así que me dirigí hacia la terminal 3 en donde podía
encontrar algunos hoteles; en mi camino veía a vagabundos dentro del aeropuerto
para resguardarse del frío de la noche, y no pude evitar pensar en dónde se
quedarían si cerraran ese aeropuerto por tiempo indefinido, con esa idea en mi
cabeza seguí mi camino.
Después de haber
buscado alguna vacante en el último hotel y sin suerte alguna, escuché una voz
que me hablaba en inglés, era una joven asiática la que me decía que tampoco
había tenido suerte y que ella saldría la mañana siguiente al igual que yo,
después de presentarnos, intercambiamos información de nuestros vuelos a lo que
ella me pregunta si ya había comido, yo le contesté que sí, pues antes de salir había preparado algunos
sándwiches con aguacate, aderezo y jamón, justo como es la costumbre en casa, y
más en esa situación en donde no sabía si encontraría algún lugar para comprar
algo y comer, yo le ofrecí uno y con gusto aceptó. Después de eso, decidimos ir
a buscar un lugar para pasar la noche, nos encontrábamos charlando en un lugar
no muy cómodo y con ventiscas de aire, habíamos decidido quedarnos ahí por
nuestra seguridad, pues en las otras terminales había más gente esperando sus
vuelos y debíamos guardar la distancia social (nuevo concepto aprendido la
semana anterior).
Después de rato
una adolescente pasó preguntando si alguien hablaba español, yo me encontraba
algo adormilada, cuando se acercó a mí le dije que sí, y que en qué la podía
ayudar, atrás de ella venía su familia, todos se encontraban algo asustados, me
preguntaron la situación de los vuelos en Francia, pues a duras penas habían
logrado salir de Bélgica; la situación iba a empeorar dentro de pocos días,
pero ese día aun había la esperanza de tomar nuestros vuelos, así que el señor
decidió ir a preguntar sobre el suyo específicamente, cuando regresó nos dijo que
había encontrado un lugar más cómodo y más caliente, por lo que todos decidimos
ir ahí a pasar la noche.
Fue una noche
larga, yo dormí un poco más de tres horas gracias a la familia quien hizo
guardia para que por turnos pudiéramos descansar y cuidar de nuestro equipaje.
A pocas horas de partir, la joven asiática y yo nos retiramos hacia la terminal
2, pues había rumores de vuelos cancelados por la mañana, así que agradecimos a
la familia y les deseamos que llegaran con bien a su casa. Llegamos a la fila
de su aerolínea y después fue mi turno de seguir, fue un adiós muy breve, pero
con mucho gusto pues por fin se llagaba la hora de irnos a nuestros hogares. El
pasillo de algunas aerolíneas incluyendo la mía se veían muy solas, empecé a
sospechar que, igual esa vez no tendría la suerte que me había acompañado hasta
ahí, y efectivamente, al ser mi turno y mostrar mi pasaporte me negaron el
registro y la documentación, pues unas horas atrás mientras yo trataba de
conciliar el sueño, el presidente de los Estados Unidos había decidido cerrar
las fronteras para todos a excepción de los ciudadanos, se me hizo un nudo en
el estómago y le pregunté a la señorita que me atendía qué opciones que tenía
para poder llegar a México, me pasaron a otro sitio en el cual tuve que esperar
por casi 40 minutos, minutos en donde experimenté la relatividad del tiempo, la
espera se me hizo eterna y a la vez rápida pues todos los agentes se movían de
un lugar a otro sin parar. Por fin pasados esos minutos la respuesta fue
positiva, iba a poder abordar un avión directo a México y sonreí como nadie, y
como nunca. Mi cuerpo ya se empezaba a sentir cansado y tenía que caminar hacia
el otro extremo del aeropuerto, agarré muy fuerte mis maletas y comencé a
caminar lo más rápido posible pues aún me faltaba hacer el registro, la
documentación y la revisión de seguridad, pero ahora con más certeza de que
llegaría a casa, y aún sin saber lo que me esperaría en los próximos 14 días
siendo que podría estar contagiada sin saberlo, y poner en riesgo a mi familia…
Hoy a casi esos
14 días, de algo estoy segura, y es que el miedo es instintivo, es la respuesta del
ser humano hacia una amenaza, pero la forma de enfrentarlo es lo que nos ayuda
a crecer; también que Dios siempre pone a las personas correctas en nuestro camino,
así como lo ha hecho conmigo; y, sobre todo, al despedirte de un lugar aligera la
carga no importa lo que tengas que dejar atrás, todo eventualmente se recupera
y no hablo solo de lo material.